Ayer noche, a las 23:20, se dio inicio a la I Carrera Nocturna La Virgen del Camino en la categoría femenina absoluta, la que me correspondía. El recorrido no superaba los 2600 metros y casi de inmediato a mi inscripción me arrepentí enormemente. Desde hace un mes y medio he estado de descanso obligado por lesión y ahora estoy en disposición de volver a coger las zapatillas. Lo único que me hubiera gustado que el feliz reencuentro tuviera lugar en mi lugar de entrenamientos habitual y no en una carrera de 9 mujeres, la mayor parte del equipo de triatlón o de INEF de la Universidad de León. Aun así acudí encantada con Mario y Siridia (dos campeones), enfundada en mi uniforme del Nunca correrás sólo. En el calentamiento supe que me iban a hacer papilla y mucha suerte tenía que tener para que no me doblara nadie. No pudo ser, aguanté media vuelta en una carrera lanzadísima y después me dediqué a trotar cual tortuguilla feliz. Tampoco quedé la última, aunque no me hubiese importado; lo único relevante es que mi rodilla está bien. He vuelto.
Hace 1 año
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